
Stefano se despierta y aún entre sueños sus dedos buscan la libreta y el lápiz que reposan sobre la mesita de luz. –“Los personajes que me visitan en sueños vienen a ahora a habitarte papel”- musita, mientras el sacapuntas le afila el grafito y las ideas.
Amanece y sus visitantes nocturnos están ahora dotados de forma, aguardando por nuevos caminos en las tramas tejidas por él.
Los gruñidos de su panza le invitan un mate, que va cebando en medio del humo acre de su cigarrillo, ese mismo que ha tornado amarillentas esas paredes del estudio con ese tono raro, ese amarillo tostado de pintura reseca, reseca y agrietada como la melancolía que lo atenaza los domingos por la tarde, cuando le gustaría oír de nuevo la risa de sus hijas.
-“Absurdo es que mis creaciones concretas, esas que Ana y yo hicimos carne de nuestra carne, me resulten ahora más lejanas que estos seres que me acompañan y me susurran sus historias desde el papel"-.
Muchos hablan de mi trabajo creando personajes, pero creo que olvidan que son éstos quienes me van contando su propia historia y me estructuran a mí. Pocos me entienden si digo que es en ellos en donde encuentro mi génesis”.
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